Por Edwin Rodríguez / rodriguezki@gmail.com

“La gente de antes dejaba las casas a cargo de las ánimas. Las personas salían de la casa y le dejaban la casa encargada a las ánimas. Cuando venía alguien que no era de la casa, sentía los pasos, sentía las puertas, los trastes moverse en la casa y se iban porque creían que había gente”, explicó el artesano Ángel Manuel Dávila, original de Dorado.

El doradeño dijo que era tradición en Puerto Rico comprar una talla de un ánima, que es un alma en pena, que espera en el purgatorio para pasar a su destino final en el cielo o el infierno. Esta talla la dejaban en la sala mirando hacia la puerta principal de la casa, como una especie de centinela espiritual.

Las facciones de sus santos tienen un carácter muy original y una proyección seria y fuerte. “Los colores que uso son los de la talla tradicional, el verde, azul, amarillo, rojo… Son los colores tradicionales que se usan desde antes”, indicó Dávila, quien aseguró que las facciones de sus piezas suelen adquirir un matiz distinto dependiendo del estado de ánimo en que se encuentre.

Dávila comenzó su trabajo artesanal “haciendo las bases de madera para otros artesanos hace 30 años atrás. Pero trabajé con mi padre carpintería y ebanistería toda la vida”.

El trabajo de este maestro artesano es clasificada como tradicional. Respeta la estética que se cultiva en la talla boricua desde hace más de 80 años.

El artesano, quien es conocido como “Coquí”, lleva 25 años trabajando la talla de santos y ánimas, en su Taller El Coquí Dorado, en el mencionado municipio. Actualmente comparte su conocimiento de talla en clases que ofrece a la comunidad de Maguayo.

Como detalle adicional, los precios de las piezas de Dávila fluctúan de $45 a $800, con el propósito de ofrecerle artesanía y cultura a todos los presupuestos económicos.

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