Las Tablas, Panamá (EFE) – La tradición de la pollera lleva aparejado un negocio en auge: el de arreglar a las mujeres que lo visten, una labor que requiere de personal experto en peinado, maquillaje y joyería para hacer resaltar uno de los vestidos más bellos del mundo y atuendo típico femenino de Panamá.

Este traje típico es el resultado de técnicas y orfebrería europeas y del lejano oriente, y prueba de la herencia española en la cultura de Panamá. Desde hace 15 años se le rinde homenaje en el llamado Desfile de las Mil Polleras en la localidad de Las Tablas, en la provincia de Los Santos, y celebrado este sábado.

Pero el atuendo sufre variantes por los excesos y mal usos, por lo que un grupo de personas se empeñan a asesorar a niñas y adultas en la colocación del traje típico y sus accesorios como los tembleques, adornos que se fijan en ambos lados de la cabeza, y joyas como peinetas, collares, brazaletes, zarcillos, anillos y hebillas para los zapatos.

Como si se tratara de una carrera, Jessica Díaz de Ruiz, dueña de una empresa de alquiler de polleras, trataba el sábado de atender lo más rápido posible a más de una docena de mujeres, un proceso que puede tomar hasta 3 horas cada una incluyendo el peinado, maquillaje, colocar cada joya y ajustar las distintas piezas de la prenda folclórica.

Mientras ataviaba a una joven contó a Efe que el negocio ha sido rentable y que permite tener ingresos en cada ocasión que se realiza un evento folclórico en el país, desde desfiles, carnavales, fiestas patronales y concursos, entre otros.

De Ruiz, que cuenta con una colección de 25 polleras de gala confeccionadas en distintas técnicas de talco, punto de cruz, zurcido y calado, señaló que conseguirlas es una tarea compleja, dado que tiene que recorrer diferentes sectores de Los Santos, un poblado a más de 200 kilómetros de la capital panameña, conocido por ser la “cuna del folclore” y por tener las variedades más bellas del atuendo.

“Al viajar se supervisa la confección que realizan las artesanas de los diseños y los colores que son bordados en el traje, toda la indumentaria puede tomar entre un año a dos en terminarse”, indicó la empresaria.

El vestido de gala, compuesto por una fina camisa con encajes de preciosos diseños, dos enaguas y un elegante faldón elaborado, en el caso de las originales hechas a mano, puede oscilar entre $7,000 y $12,000.

También está la opción de la “montuna santeña”, una pollera menos elaborada con faldas de brillantes, y “las regionales”, con variantes típicas de cada una de las 10 provincias panameñas.

El vestido femenino también se acompaña de lujosas prendas de oro, accesorios como la pajuela y las peinetas, que en con conjunto pueden llegar a costar hasta $15,000, y adicionalmente se le puede acompañar con paños o rebozos, abanicos, pañuelos y monederos.

“Hay personas que no portan adecuadamente el vestuario, pero actividades como el Desfile de Las Mil Polleras trata de retomar las tradiciones culturales”, mencionó De Ruiz.

Al terminar de colocarle el último detalle del traje, Ariana Lyma-Young, la titular de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico de Panamá, dijo a Efe que por el costo excesivo que tiene una pollera, de hasta $50,000, es más fácil alquilarlas, lo que puede costar alrededor de los $1,000.

Ana Lisa Hincapié, otra engalanada con la pollera en el desfile de este año, confesó a Efe, que llevar este vestido es difícil por el peso y el cuidado que se debe tener para no estropearlo al bailar, pero sostiene que vale el esfuerzo porque rinde honor a un icono de la cultura, tradición, costumbre y a la mujer panameña.

Por su parte, el folclorista José Oreste Cano comentó que ahora los jóvenes se interesan más en confeccionar polleras, y hay cursos que permiten elaborar correctamente el vestido, un arte que se convierte en un sustento para vivir.

El Desfile de las Mil Polleras se efectuó este sábado en Las Tablas y reunió a más de 15,000 damas ataviadas con el traje típico, que bailaron al ritmo de los tambores y el pregonar de las décimas.

En el evento participaron conjuntos musicales típicos de instituciones gubernamentales y de la empresa privada, y se escenificaron diferentes bailes y danzas de las diversas regiones del país, entre ellas las de “diablicos” (hombres con máscaras de animales y con vistosos vestidos), de distintos sitios del territorio centroamericano.

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